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Introducción

El trastorno de pánico es un trastorno de ansiedad caracterizado por ataques de pánico recurrentes e inesperados — oleadas repentinas de miedo intenso o malestar físico que alcanzan su punto máximo en minutos — junto con una preocupación persistente por futuros ataques o cambios conductuales significativos relacionados con los ataques. Los ataques de pánico en sí no son peligrosos, pero el miedo a tenerlos puede restringir profundamente la vida y las actividades de una persona.

Causas

Es probable que el trastorno de pánico se desarrolle a partir de una combinación de vulnerabilidad biológica, sensibilidad psicológica a las sensaciones de ansiedad y desencadenantes ambientales. La desregulación de la respuesta de lucha o huida del cuerpo y una mayor sensibilidad en regiones del cerebro como la amígdala contribuyen al trastorno. Los factores genéticos, los antecedentes de ansiedad o adversidad en la infancia y los factores estresantes importantes de la vida pueden precipitar la aparición del trastorno de pánico. La cafeína y ciertos medicamentos también pueden desencadenar síntomas similares al pánico.

Síntomas

Los ataques de pánico involucran al menos cuatro síntomas de una lista definida, que incluyen latidos cardíacos acelerados, sudoración, temblores, dificultad para respirar, dolor en el pecho, náuseas, mareos, entumecimiento u hormigueo, escalofríos o sofocos, sensaciones de irrealidad o desapego, y miedo intenso a morir o perder el control. Después de ataques recurrentes, las personas a menudo desarrollan ansiedad anticipatoria persistente y pueden comenzar a evitar situaciones que asocian con tener un ataque (conducta de evitación).

Diagnóstico

Un clínico diagnostica el trastorno de pánico cuando un paciente reporta ataques de pánico recurrentes e inesperados seguidos de al menos un mes de preocupación persistente por futuros ataques, preocupación por sus consecuencias o cambios conductuales notables. Se deben descartar las afecciones médicas que pueden imitar el pánico (trastornos tiroideos, arritmias cardíacas, hipoglucemia). La evaluación también abarca el grado de evitación y cualquier afección concurrente como agorafobia o depresión.

Tratamiento

La terapia cognitivo-conductual (TCC) es muy eficaz para el trastorno de pánico, ya que ayuda a los pacientes a comprender la fisiología del pánico, cuestionar el pensamiento catastrófico y realizar exposiciones graduales a sensaciones y situaciones temidas. Los ISRS y los IRSN son los medicamentos de primera línea, y ocasionalmente se usan benzodiazepinas a corto plazo para el alivio agudo de los síntomas. El reentrenamiento respiratorio y otras técnicas de relajación pueden complementar el tratamiento formal. La mayoría de los pacientes logran una reducción significativa de los síntomas con la atención adecuada.

Esta información tiene fines únicamente educativos e informativos. No debe usarse en lugar de una consulta o examen individual ni reemplazar el consejo de su profesional de la salud, y no debe utilizarse para determinar un diagnóstico o un curso de tratamiento.